viernes, 4 de septiembre de 2026

DUELO no superable al aborto del Síndrome de Down

 Testimonio a 1980.

La familia de un niño con Síndrome de Down sufre cambios notorios, pasa a ser “diferente”, abocada a la curiosidad de quienes descubren que el niño tiene una limitación.

Princesa Alexandrine Irene, de Prusia 1915-1980

No lo veamos desde un punto dramático, el factor económico mengua, crecen las privaciones, hay cohibiciones sociales, se siente el peso del trauma y las obligaciones pasan a ser superiores.

Algunas familias se avergüenzan por tener que asumir mayor responsabilidad, hacen rechazo de su hijo, le cobran su síndrome, lo esconden, le hacen castigo físico y moral, lo desplazan dejándolo al cuidado de instituciones no apropiadas o con personas particulares, parientes cercanos o empleadas domésticas.

En otros casos, el rechazo es inconsciente lo sobre-protegen o subestiman, haciéndolo dependiente, sin despertar su criterio y estima, su “autosuficiencia” es restringida.

Aunque el niño permanezca con su familia nuclear, no siempre  tendrá acceso a educación escolar, por tanto se deben buscar alternativas, para que logre expectativas, sin pretender que se desarrolle como sus hermanos, si los tiene, le tomará más tiempo con apoyo constante y decidido.

El síndrome no tiene cura, no hay tratamiento, la única medicina es el amor y la aceptación para sus logros. Lo que aprende, lo hace MUY BIEN y jamás lo olvida. 

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