Al recibir la noticia de que tenemos un niño con Síndrome de Down, estas tres palabras nos llenan de confusión y miedo.
Salgan
de esa desconcertante situación y reaccionen, porque en el salón pediátrico, hay
un bebé que ignora quién es, no sabe que experiencia viven sus padres, al momento.
Es un niño con mayores necesidades que otros; no solo el hambre y el sueño son sus prioridades, él necesitan ser “aceptado”. Ustedes son los únicos que enfrentan esta experiencia, recuerden: esperar nueve meses con ilusiones y luego perderlas?
No olviden que ustedes tienen sentimientos, temores y pensamientos en un enorme interrogante que nadie les podrá resolver, mientras la humanidad se consciencia ante “este accidente de la vida”.
La integración de la familia fortalece los lazos afectivos, los impulsa la misma inquietud y se asimila la necesidad que converja en una cooperación mutua.
Quienes rodeemos a los niños con cualquier síndrome o limitación, “tenemos un llamado” para vencer dificultades, cumplir responsabilidades, lograr expectativas y aceptar retos.






